Bienvenido

Inicia sesión para acceder a todo el contenido

Jardín Japonés Punta Un lugar para detener el tiempo

Un lugar para detener el tiempo

Por Sofía Vanoli / Fotos: Pablo Kreimbuhl

La historia del Jardín Japonés Punta no empieza en Uruguay, sino mucho antes, en Japón, cuenta Pilar Rey, una de las impulsoras de este proyecto, desarrollado junto a su exmarido, Juan Carlos López Mena, en Maldonado, en las cercanías de Laguna del Sauce, donde a lo largo de más de 15 años se fue construyendo un paisaje que hoy se consolidó como uno de los más singulares del destino.

«Mi exmarido vivió en Japón durante una temporada cuando hizo su primer barco y quedó fascinado con la cultura del país y sus jardines. Él tuvo la suerte de vivir en una casa típica japonesa y siempre tuvo en su cabeza la idea de aplicar ese diseño a alguna vivienda», explica en diálogo con The Experience.

Ese deseo permaneció sin cumplirse durante casi quince años, hasta que la pareja compró la propiedad donde se encuentra el jardín en la actualidad. Una vez construida y decorada la vivienda, llegó el momento de pensar en su exterior. Fue entonces cuando surgió la idea de hacer un jardín japonés, dando origen al primero de los espacios que hoy conforman el proyecto.

«El jardín actual es un jardín parque. Consta de seis jardines japoneses unidos por un arroyo que actúa como hilo conductor», comenta Rey.

El desarrollo fue lento, casi como una práctica en sí misma: el jardín se construyó a lo largo de 15 años. En ese proceso también hubo referencias clave. Antes de comenzar, visitaron el Jardín Japonés de Buenos Aires, donde, en una reunión, compartieron la idea de crear un jardín en Punta del Este, lo que dio lugar al diseño del primer espacio.

Ese primer jardín definió el lenguaje del proyecto: incluía uno de los clásicos puentes rojos, esculturas japonesas y una impronta bien típica. A partir de ahí, el crecimiento fue natural. La primera experiencia les llevó a avanzar con el segundo jardín, y luego con los siguientes, en un proceso durante el cual cada uno tomó aproximadamente entre un año o un año y medio en realizarse.

«El jardín japonés tiene una cultura, una estética, que es diferente a otro tipo de jardines. Es de extrema paciencia, de mucha contemplación, donde todo el paisaje entra dentro de la casa. Es un cuadro», detalla Rey. «Eso es lo que en realidad me fascinó de la estética y la cultura japonesa, es una cultura exquisita, de contemplación y de meditación, donde cada acción que se va a tomar debe ser pensada; no contestan rápido ni a la ligera».

«EL JARDÍN ACTUAL ES UN JARDÍN PARQUE. CONSTA DE SEIS JARDINES JAPONESES UNIDOS POR UN ARROYO QUE ACTÚA COMO HILO CONDUCTOR»

FERNANDO MATSUI: DISEÑAR DESDE LA EMOCIÓN

El paisajista Fernando Matsui se integró al proyecto en 2009, cuando Juan Carlos López Mena y Pilar Rey se acercaron al Jardín Japonés de Buenos Aires en busca de alguien que pudiera diseñar un jardín de estilo japonés para su casa en Maldonado. Desde allí lo convocaron para desarrollar el proyecto, que comenzó a construirse ese mismo año y que, con el tiempo, se fue ampliando hacia nuevos sectores.

El primer contacto con el lugar fue determinante. Un parque extenso, rodeado de pinos, eucaliptos y vegetación nativa, con una arboleda frondosa incluso en altura, que ya transmitía una sensación de calma y serenidad. Fue ese entorno el que marcó el punto de partida del diseño: «Para ser sincero, me inspiré en el entorno mismo. El lugar de por sí me transmitía calma y serenidad, y confiaba que la filosofía de los jardines japoneses iba a integrarse muy bien», explica Matsui.

Lejos de responder a un esquema rígido, el proceso estuvo guiado por una lógica más intuitiva: «Uno de los principios que siempre me inculcaron los maestros japoneses es que tenía que diseñarlo según mis sensaciones; que percibiera el lugar y confiara en mis emociones». Ese enfoque implicó un trabajo en constante revisión, donde incluso partes ya realizadas podían replantearse si no generaban la armonía buscada.

«UNO DE LOS PRINCIPIOS QUE SIEMPRE ME INCULCARON LOS MAESTROS JAPONESES ES QUE TENÍA QUE DISEÑARLO SEGÚN MIS SENSACIONES; QUE PERCIBIERA EL LUGAR Y CONFIARA EN MIS EMOCIONES»

El jardín no fue concebido como un plan cerrado, sino como un desarrollo por etapas. Sector a sector, fue creciendo a lo largo de los años, manteniendo como hilo conductor la presencia del agua como elemento integrador del paisaje. El terreno, ubicado sobre un cerro, ofrecía una condición clave: la presencia constante de la roca. A partir de ahí, el diseño aprovechó los distintos niveles para recrear un entorno natural con cañadas, cascadas, lagos e islas, incorporando senderos de piedra y puentes curvos que estructuran el recorrido, utilizando elementos característicos de un jardín japonés pero en un paisaje uruguayo.

Lejos de imponer una estética puramente tradicional, la propuesta buscó integrarse al entorno existente. Se mantuvo la arboleda original y se incorporaron especies que dialogan con el clima y las estaciones, combinando flora local con variedades características de Japón, como cerezos, azaleas o camelias. Ese criterio también se trasladó al manejo del color, con una atención especial a los cambios estacionales y a la diversidad de especies, incluyendo árboles nativos y frutales típicos de Uruguay.

Entre los desafíos, hubo uno central: lograr que el jardín transmitiera una experiencia de contemplación real: «Que sea un lugar de paseo, en esa búsqueda de tranquilidad y armonía con uno mismo y con el entorno; era un desafío muy personal».

Más que una obra terminada, Matsui entiende el jardín como un proceso en constante transformación. «Lo fabuloso de un jardín es que nunca está terminado. Los árboles y arbustos cambian de tamaño y forma años tras año, y eso genera nuevas vistas y sensaciones».

En ese cambio permanente, encuentra también su mayor satisfacción: observar cómo quienes lo recorren se llevan algo más que una imagen. «La mayor satisfacción es observar que la familia y los que visitan el lugar se quedan con una sensación de paz y tranquilidad… parece algo simple pero no es poca cosa».

«LA CULTURA JAPONESA ES UNA CULTURA EXQUISITA, DE CONTEMPLACIÓN Y DE MEDITACIÓN, DONDE CADA ACCIÓN QUE SE VA A TOMAR DEBE SER PENSADA»

La experiencia de habitar el jardín

El espacio no solo impacta a quienes lo crearon, sino también a quienes lo visitan. Quienes llegan por primera vez quedan impactados, sorprendidos de encontrar un jardín japonés en Punta del Este y profundamente maravillados por el lugar.

Muchos vuelven dos o tres veces, acompañados por amigos o familiares, casi con la necesidad de compartir lo que descubrieron. En esos retornos, incluso, se apropian del recorrido: empiezan a señalar detalles, rincones, caminos, como si se convirtieran en una suerte de guías del jardín.

Para Pilar, con el tiempo, esto también llevó a cambiar su propia forma de mirarlo. El proceso de construirlo y recorrerlo junto a otros permitió descubrir su belleza desde otro lugar.

El jardín es, además, una historia familiar. A lo largo de esos 15 años, creció en paralelo con su propia vida: sus hijos crecieron allí, y sus nietos nacieron y fueron creciendo entre sus plantas y árboles, acompañando cada etapa del proceso. Hay momentos que condensan ese vínculo, como la floración de las azaleas, o el modo en que el jardín se fue poblando de aves y mariposas con el tiempo.

Otros aparecen de forma inesperada, como el descubrimiento de una enorme piedra en el cerro que hoy forma parte de la cascada, un hallazgo que resultó especialmente impactante. En ese diálogo constante con la naturaleza, la filosofía japonesa aparece como guía: «Mientras que nosotros miramos permanentemente hacia afuera, en la filosofía japonesa llevan la mirada hacia adentro, hacia uno mismo».

Dentro del jardín, hay lugares que para Rey condensan esa experiencia: «Tengo dos rincones favoritos. Uno es abajo de los sauces llorones, donde me gusta leer, contemplar o pensar. Y otro es arriba de la cascada. Desde ahí se ve toda la inmensidad del jardín y más allá».

Desde ese punto, el paisaje parece expandirse: una idea presente en la tradición japonesa que refiere a tomar prestado el entorno más lejano e incorporarlo al propio jardín.

Después de todo ese recorrido, la definición se vuelve simple. El espíritu del jardín es, ante todo, mágico: un lugar único donde esa es, finalmente, la palabra que mejor lo describe.

«MIENTRAS QUE NOSOTROS MIRAMOS PERMANENTEMENTE HACIA AFUERA, EN LA FILOSOFÍA JAPONESA LLEVAN LA MIRADA HACIA ADENTRO, HACIA UNO MISMO»

JARDÍN JAPONÉS PUNTA

Ruta 12, km 10.800, Maldonado

info@jardinjaponespunta.com

www.jardinjaponespunta.com

IG: @jardinjaponespunta

Compartir por Whatsapp

Notas para SEGUIR leYENDO

En The Experience utilizamos cookies propias y de terceros con el objetivo de mejorar la experiencia de navegación, analizar el uso del sitio y ofrecer funcionalidades adecuadas a los usuarios. Al continuar navegando en este sitio web, el usuario acepta el uso de cookies conforme a lo establecido en la presente Política de Cookies. Las cookies son pequeños archivos de texto que los sitios web almacenan en el dispositivo del usuario (computadora, tablet o teléfono móvil) cuando visita determinadas páginas. Estas permiten reconocer el dispositivo del usuario y recordar información sobre su visita, facilitando una navegación más eficiente.