El poder de una cartera

Virginia Staricco

Virginia Staricco y Gabriela Rosés comparten una historia de vida similar, que las lleva a accionar por causas sociales. Iniciaron un proyecto que une sus fundaciones con una colección de carteras y tapados, diseñada por Rosés, que da oportunidades de trabajo a mujeres de América Latina y África, ofreciéndoles la posibilidad de un futuro mejor.

Cecilia Camors Montes

El poder de una cartera

Virginia Staricco y Gabriela Rosés comparten una historia de vida similar, que las lleva a accionar por causas sociales. Iniciaron un proyecto que une sus fundaciones con una colección de carteras y tapados, diseñada por Rosés, que da oportunidades de trabajo a mujeres de América Latina y África, ofreciéndoles la posibilidad de un futuro mejor.

virginia Staricco es vicepresidenta de MirTrans, una compañía de logística y transporte que opera en Uruguay, Argentina y Brasil. Su historia es una de lucha y superación y, para contarla, hay que comenzar hablando de su mamá.

Adela Nogués es una mujer que su hija define como una «guerrera poderosa». Madre a los 18 años, por no tener independencia económica ni preparación, tuvo que postergar todos sus sueños para criar sola a sus dos hijos y asegurarles un futuro.

La historia de Adela fue una inspiración absoluta para Virginia, quien la hizo su bandera para buscar impulsarse y desarrollarse en la vida, Su intención era no repetir lo mismo que su mamá había vivido. Comenzó a trabajar a los 12 años con su padre en la empresa de transporte que él tenía. A los 18, trabajó haciendo bizcochos en una panadería mientras vivía en una pensión sin ventanas. También vendió perfumes en el freeshop, fue secretaria y trabajó en una empresa de cueros. Su interés siempre la llevó a trabajar, relegando estudiar.

Ya en una mejor situación económica, retomó la relación con su padre y aceptó la oferta de manejar su empresa de transporte en Argentina. En plena crisis económica del 2002, su madre se fue a vivir a España con su esposo y sus otros dos hijos. Estaría fuera del país por diez años. Al mismo tiempo, Virginia retornó a Uruguay, se divorció y decidió dar un paso al costado en la empresa de transporte, dejándola en manos de su exmarido. Reconoce que ese fue uno de los peores golpes de su vida: separada, sin trabajo y con sus hijos pequeños, de dos y cuatro años.

Sumergida en una profunda crisis personal, conoció a Emilio Mirás, su actual marido y gran referente en su vida, quien también se hizo desde abajo y le enseñó a ver siempre lo mejor en la vida. Fue él quien le recomendó irse a España junto a su madre, para darse un respiro y tomar distancia, ya que se encontraba muy desmejorada, sin perspectivas.

Tras tres meses en España, sintió la fuerte necesidad de volver a Uruguay. Emilio le ofreció asociarse y traer tres camiones de Argentina, los primeros tres camiones amarillos de MirTrans, y volver a empezar.

Alquilaron una casa en Carrasco y, en un garaje con solo una mesa de plástico, se construyó la nueva empresa. En 2007 construyeron un depósito de 14.000 metros cuadrados y comenzaron, poco a poco, a vivir el ascenso del proyecto hasta convertirse hoy en una empresa de logística integral con 350 camiones, unos 16.000 metros nuevos de construcción y la compra de un correo a nivel nacional.

Virginia no se olvida de dónde viene y se dedica a dar oportunidades para que otras mujeres puedan salir adelante; darle dignidad a los que menos tienen es su prioridad. Siente que debe devolverle a la comunidad y busca defender a la mujer para que pueda salir adelante, dotándola de herramientas para ello. Por eso el 50% de los 800 colaboradores que trabajan en su empresa son mujeres. Estas trabajan en áreas en donde las mujeres no solían tener un espacio, como manejando un elevador o un camión. Esto le valió el reconocimiento de ONU Mujeres por su política de género y equidad.

En 2015, a raíz de que muchas mujeres no tenían con quien dejar a sus hijos, MirTrans compró un predio y montó el Centro de Cuidado «Crece desde el pie»: una obra de medio millón de dólares en un predio de 700 metros cuadrados, donde 120 niños de la comunidad e hijos de los empleados, de 0 a 12 años, tienen todas las comodidades cubiertas y reciben su vianda diaria.

La fundación que ella lidera es el último paso de diferentes políticas sociales en las que ha estado involucrada. Desde allí generan talleres de capacitación en huerta, panadería, logística, enfocados en brindar una salida laboral. También ofrecen herramientas para mejorar la presencia de las mujeres y poder así presentarse en una entrevista de trabajo. Todo lo que sea el bienestar de la gente es parte de su esencia.

Hoy buscan ofrecer soluciones en la vivienda a través de un modelo constructivo que traen de China, con la financiación de Banco Santander y el apoyo de la Intendencia de Canelones y el Ministerio de Vivienda, que les donará un predio de seis hectáreas para hacer 85 viviendas sociales con un sentido comunitario, donde habrá una huerta y un sistema de cuidados y seguridad.

La pandemia también hizo que surgiera lo mejor de muchas familias de trabajadores de la empresa hacia aquellos que no tienen para comer. Con el apoyo de la empresa, y en conjunto con el sindicato, se organizaron ollas populares para asegurarle un plato a cada integrante de la familia.

Una conexión inspiradora

Virginia es una gran admiradora de todas las mujeres con impulso y Gabriela Rosés llamó su atención. Al conocerla, sintió de inmediato una fuerte conexión por compartir una historia de vida parecida. Gabriela es uruguaya, diseñadora y productora de cine. Hoy vive en Los Angeles y lleva adelante la Fundación Tareto Entito en Kenya.

Desde que inició sus estudios en la UDE, Gabriela intentó transmitir la idea de que la curiosidad «mueve el mundo». Su carrera como productora la llevó a conocer el mundo y le brindó la visión integral que, una vez en Nairobi y en contacto con la tribu de la villa Ilkangere, dio vida a su fundación.

Virginia y Gabriela iniciaron un proyecto que une ambas fundaciones. La cartera y el tapado, estas impecables piezas diseñadas por Rosés, representarán la unión del trabajo femenino de diferentes partes del mundo: se confeccionarán con materia prima uruguaya y el arte de las mujeres de la comunidad de Ikangere-Kenya, así como de otras comunidades de Argentina, que intervendrán las piezas. Cada cartera y tapado es única en color e identidad. El objetivo es lograr un producto terminado desde Uruguay que genere empleo y cuyas ganancias lleguen directamente a las mujeres para financiar el proyecto social.

Distribuirán cien carteras y cien tapados a diferentes líderes e impulsoras sociales del mundo, referentes, para que ayuden a dar a conocer el proyecto, como por ejemplo la reina Máxima de Holanda, para que ayuden a dar a conocer el proyecto y posicionen el producto como un objeto de deseo. Se trata de una obra que apunta a llegar a las mejores boutiques de moda del mundo compitiendo con marcas de alta gama.

El proceso productivo aplicará los principios de la economía circular y su packaging será ecológico y reciclable. Ya cuentan con dos madrinas muy importantes: las primeras damas de Argentina y Uruguay, Fabiola Yañez y Lorena Ponce de León. Para Virginia no hay nada más satisfactorio que acostarse a dormir sabiendo que le cambió la vida a una persona que no tenía oportunidades, algo que considera «adictivo».

Busca que Uruguay sea un lugar de oportunidades, siente orgullo por el país y considera que tiene un enorme potencial. Si bien ella reconoce que el camino que recorrió para llegar a donde está hoy fue difícil, tanto en su vida profesional como en lo personal, es gracias al mismo que logró el impulso para lograr sus objetivos.

Virginia siente que queda un largo camino por recorrer en la equidad de género en Uruguay. Considera que aún falta ofrecer igualdad de condiciones, que aún existe brecha salarial y siente que falta educación, conciencia y más mujeres en altos cargos de decisión en las empresas, en la política e, incluso, en ciclos de charlas donde debería haber más exponentes femeninas. Cree que la mujer debe animarse más, no sentirse limitadas, «creérsela» y alzar la voz. Su recomendación para que las mujeres se empoderen es que sean independientes económica, laboral e intelectualmente; todo sin postergar su felicidad.

Adela, la mamá de Virginia, sigue siendo un pilar para ella, está a su lado acompañándola en sus proyectos, trabaja en la empresa manejando el sector de mujeres en los depósitos y es una persona activa y plena.

Virginia está por empezar 6º año de liceo nocturno junto a las chicas que trabajan en MirTrans. Es madre de Emilia de nueve, Camila de 16 y Franco de 18 años, quienes, junto a Emilio, son su motor y están convencidos de volcar su tiempo para mejorar el país.

Adela y Virginia no paran, nada las detiene, porque a cada paso honran su historia, su origen y son el resultado de la fuerza del poder de las mujeres.