DISRUMPIR O SER DISRUMPIDO

Santiago Bilinkis

El tecnólogo argentino Santiago Bilinkis nos convoca a innovar, arriesgar y replantearnos nuestra relación con la tecnología, abogando que es la única respuesta posible ante la multitud de cambios tecnológicos que ya comenzaron a impactar nuevas vidas.

Luis Cabrera

DISRUMPIR O SER DISRUMPIDO

El tecnólogo argentino Santiago Bilinkis nos convoca a innovar, arriesgar y replantearnos nuestra relación con la tecnología, abogando que es la única respuesta posible ante la multitud de cambios tecnológicos que ya comenzaron a impactar nuevas vidas.

Santiago Bilinkis es el mismo. Padre de familia, emprendedor, cofundador de Officenet y otras empresas tecnológicas, ex alumno de Singularity University, tecnólogo, autor de libros, columnista y fanático de los Green Bay Packers de la NFL. Sin embargo, en estos últimos años, su relación con la tecnología se ha visto modificada.

Para ser exactos, lo que ha cambiado no es la relación en sí -continúa siendo su pasión y el motor de su trabajo, incluyendo sus dos libros- sino la visión sobre el futuro -y el presente- que la evolución tecnológica ha construido para la humanidad; antes llena de optimismo, hoy es mucho más cautelosa.

Bilinkis, quien visitó Montevideo para brindar dos charlas -ambas a sala repleta, una de ellas en el WTC, exclusiva para clientes Select, y otra en la Expo Prado 2019- organizadas por el Banco Santander, recuerda exactamente cuándo germinó el cambio.

«Pasó hace más o menos un año
y medio», rememora el tecnólogo argentino. «El disparador de ese cambio es algo que está a la vista de todos: la gente está más preocupada por su celular que por lo que sucede a su alrededor».

El hecho puntual ocurrió en un bar, donde Bilinkis presenció la escena que, en otra mesa, protagonizaban una madre, ensimismada en su celular, y un niño de unos cinco años. «La mujer estaba totalmente cautivada por su teléfono y el nene aburridísimo», relata.

«En esa situación, normalmente, un niño que quiere la atención de su madre hace lío, se encapricha. Este nene no; esperó un rato, se levantó de su silla, caminó detrás de la mamá y le empezó a acariciar el pelo. La trató de convocar de la manera más amorosa posible. La mujer en ningún momento se dio cuenta. Seguía con el teléfono».

Bilinkis admite que es una imagen común, pero no por eso dejó de movilizarlo. Comenzó a investigar
la relación de las personas con los smartphones y su primera conclusión está planteada en su nuevo libro, Guía para sobrevivir el presente: «Esto está pasando porque hay un grupo de compañías que entendieron muy bien cómo funciona la mente humana y trabajan para lograr esa adicción».

«La razón es simple: detrás del modelo inicial de Internet, donde todo tenía que ser gratis, las compañías, primero intentaron poner publicidad, luego se dieron cuenta que más interesante era cosechar tantos de nuestros
datos como fuera posible para hacer esas publicidades ultrasegmentadas
 y, después, se dieron cuenta que
si querían aumentar su facturación necesitaban maximizar el tiempo que pasábamos en cada plataforma», explica. «Para esto empezaron a meter un montón de elementos que inducen esta actividad para que nos pasemos todo el día atrapados en la pantalla».

Así nació el nuevo libro, presentado este año, que rompe con varios conceptos de los que Bilinkis planteó en su obra anterior, Pasaje al futuro (2014), producto de un desencanto,
no con la tecnología, sino con los propietarios de la misma y la masa que la consume de forma acrítica.

«La gente tiene que entender mejor cómo funciona nuestra mente, cuáles son las vulnerabilidades que tiene, cómo nos están manipulando y cómo podemos defendernos», comenta. «También cómo manejarse con los chicos, cómo está afectando nuestros vínculos de amistad y de pareja».

Uno de los desencantos más importantes para el tecnólogo se dio con Silicon Valley. «Lo veía como la cara de un nuevo capitalismo que podía, de alguna manera, meter un componente más idealista», explica. «El motto inicial de Google era ‘don’t be evil’. Y la verdad es que no fue así».

Tanto no fue así que a fines de 2018 Google dejó de incluir «don’t be evil» en su código de conducta, salvo por una pequeña referencia. El cambio de cultura se tornó oficial.

«Vos ves hoy lo que dice Sean Parker, uno de los cofundadores de Facebook, quien reconoce que desde el inicio la intención fue generar una plataforma lo más adictiva posible para que la gente pase todo el tiempo en ella», agregó Bilinkis. «Las discusiones desde el comienzo eran cómo hacemos para que la gente esté adicta a nuestra plataforma. Silicon Valley terminó adoptando, e incluso empeorando, algunos de los vicios de las corporaciones anteriores».

Un consumidor informado

La idea de ser consumidores críticos no es nueva, pero hoy quizás es más relevante que antes, dado
que el avance tecnológico nos hace más vulnerables que nunca y la posibilidad que los gobiernos pongan freno a algunas de estas prácticas desleales es, de existir, muy distante.

«Es difícil que el gobierno combata algo que no entiende», explica Bilinkis. «La interpelación a Mark Zuckerberg por parte del Congreso de EEUU fue una vergüenza. Te dabas cuenta que los diputados y senadores leían preguntas que habían sido escritas por un asesor, que ellos no entendían. Zuckerberg estaba entrenado y les hizo ‘olé’ a todo lo que tiraron, que fue mucho menos difícil de lo que anticipaba».

«Yo creo que en un mundo ideal hay un componente regulatorio importante», agrega. «No se trata de prohibir
cosas, pero sí de que sea mucho más claro cuál es la información que las compañías almacenan, qué uso le dan, qué máximizan sus algoritmos. Un montón de cosas que deben ser más transparentes. Luego dependerá de los usuarios».

Su apuesta, reflejada en su último libro, es esa: «Si los usuarios entendemos qué hay detrás de las plataformas que utilizamos, vamos a poder, ojalá, tomar decisiones más inteligentes. Yo no quiero un mundo donde fumar esté prohibido, quiero un mundo donde la gente entienda los riesgos y tome decisiones como adulta».

La pregunta es qué ocurre con los sectores más vulnerables de la sociedad, como son los niños, y allí Bilinkis, padre de tres varones, plantea consejos y soluciones. «Con mis hijos, mi apuesta es también a que entiendan», señala. «Darles la mayor autonomía para que decidan, con algún límite».

Bilinkis tuvo la posibilidad de acercarse a la realidad de los niños argentinos con dos diferentes charlas realizadas este año en escuelas de Argentina, a niños de 10 y 11 años. Los trabajos que esos niños escribieron luego de
la charla resultó esperanzador. «Los chicos entendieron todo», asegura. «Estaban sorprendidos, un poco defraudados, pero cuando te escuchan entienden la trampa que, por ejemplo, los videojuegos les hacen para seguir jugando o para que paguen para ganar».


El desafío de volver a aprender a trabajar

El trabajo en los tiempos de la robotización es el tema que más apasiona a Bilinkis. Su charla, titulada «El futuro del trabajo», buscó «incomodar» a los presentes, asegurándoles que esa era la respuesta correcta ante la nueva realidad.

«Nos toca el extraño privilegio de
ser la generación que va a vivir el mayor cambio en toda la historia de la humanidad con relación al mundo del trabajo», afirma. «Lo que está detrás de ese cambio es la inteligencia artificial (AI). En particular una forma llamada deep learning, aprendizaje profundo».

El deep learning hace a las máquinas
capaces de aprender y perfeccionar
tareas, incluso aquellas que los
humanos no saben cómo hacer,
emulando la forma de aprendizaje de
 los seres humanos, pero con millones de acciones en segundos.

«Esto va a tomar montones de trabajos actuales y volverlos tan obsoletos como el de ascensorista y generará
un montón de trabajo nuevo que seguramente no se parezca en nada
a los trabajos que tenemos hoy», explica. «Los robots no van a dejarnos a todos sin trabajo; el problema es distinto, nos van a obligar a trabajar de cosas diferentes. Vamos a tener que desarrollar nuevas capacidades».

El rol de la educación es clave, pero entendido como una tarea que se prolonga para toda la vida. «Vamos a necesitar redefinir la educación. No hablo de la de nuestros hijos, sobrinos o nietos. Hablo de las nuestras. ¿Cuánto de lo que sabemos está vencido? ¿Cuán consciente somos de eso?», pregunta.

El problema de la equidad

«El mayor problema que tiene el mundo en el que vivimos es la tremenda inequidad. Estos cambios en el mundo del trabajo pueden ayudarnos a reducirla o aumentarla hasta niveles jamás imaginados», advierte Bilinkis. «La reconversión
de los trabajos actuales a los futuros va a resultar fácil para algunas personas, para otras muy difícil y otros quizás no puedan hacer el cambio. Cómo manejemos ese proceso será absolutamente clave para el futuro».

Bilinkis abogó antes por la idea de
un ingreso universal como respuesta al desempleo tecnológico, pero
su posición ha cambiado: «En el
libro nuevo le digo no a eso. Si las computadoras destruyen buena
parte del empleo y, supongamos, necesitamos solo 50% de la fuerza laboral actual, el esquema no es ‘mitad trabaja y mitad cobra sin trabajar’; el esquema debería ser todos trabajamos la mitad». afirma.

Algunas empresas privadas, en
Japón y Nueva Zelanda, han hecho las primeras pruebas de reducción
de la jornada laboral y, pese a que la muestra es muy pequeña, el resultado es positivo. Mayor producción en cuatro jornadas laborales, gracias al incentivo de un tercer día libre.

«Así las empresas atraen más talento, retienen más a la gente y tienen la misma o más producción en cuatro días», comenta el tecnólogo. «Es un experimento y habrá que ver cómo escala, cuánto dura, pero me parece súper interesante».

«Mi mayor acto de optimismo en
este momento es que tenemos la oportunidad de que las AIs absorban una parte importante del trabajo actual y de que eso sea bueno», afirma Bilinkis. «Que tengamos trabajo todos, si hacemos el acuerdo social correspondiente -no dejar a nadie como ‘clase inútil’, como dice Yuval Harari- y a la vez tener un mejor balance entre el trabajo y los otros aspectos de la vida».

TRES HABILIDADES CLAVES PARA EL FUTURO DEL TRABAJO

CONVERTIRNOS EN CENTAUROS: «Todos vamos a tener que convertirnos en centauros, mitad hombre mitad máquina. La computadora derrota al humano, pero el centauro, el humano más la computadora, le ganan a la computadora sola. La gran barrera para hacer este cambio es el ego».

SER CREATIVOS: «Hoy todas las empresas quieren ser innovadoras. Es imposible construir una organización innovadora con personas oxidadas. Hay que identificar a los innovadores y cuidarlos de la propia organización. Así́ como todos tuvimos un creativo adentro, también tenemos una enorme resistencia al cambio. Si el éxito te da excusas para no cambiar, el éxito es entonces la mejor receta para el fracaso. Hay que cambiar en el éxito».

TENER EMPATÍA: «Hubo una época en que los trabajos humanos estaban llenos de humanidad, de empatía. Por alguna razón les hemos ido sacando la humanidad a los trabajos, Tenemos que inundar los trabajos de humanidad. Las máquinas reemplazaron nuestra capacidad física, nuestras piernas y nuestras manos, ahora están reemplazando una parte de nuestra capacidad intelectual, la cabeza. Lo que nos queda es el corazón».

CONSEJOS ÚTILES PARA LA VIDA MODERNA

Sacar las notificaciones del celular. «Yo saco todas. No hay nada que prenda luces, suene o haga ruido. La única excepción es que tengo habilitado el popup de Whatsapp si me escribe mi esposa. Fuera de eso, el teléfono no puede interrumpirme. Esto le cercena a todas estas aplicaciones una buena parte de su estrategia de distraerte cuando estás haciendo otra cosa y llevarte de nuevo ahí́. Si hubiera una luz tintineando me llevaría a pensar ‘qué está pasando, qué me estoy perdiendo’».

Evitar la trampa de las series. «Las series son una trampa. Al final de cada capítulo, hay una intriga que te impide parar de mirar, pero en el capítulo siguiente nunca te la revelan de entrada, te enganchan con otra historia y, para cuando te revelan la intriga, ya lo vas a completar porque no falta tanto. Sumale el autoplay, que casi no tenés tiempo de pararlo y que te saltea la intro. Yo hago dos cosas. La primera es que las series más adictivas miro los capítulos de mitad a mitad, porque ya sé que la trampa está al final. La segunda es que tengo la suerte de tener una cinta de correr enfrente de la tele y veo las series corriendo en ella; entonces si ya miré 40 minutos y quiero seguir, tengo que seguir corriendo, y ahí lo pensás dos veces.»