La mejor versión de lo nuestro

Miguel Ángel Gil

Por su estilo de juego, los líderes que encabezan su plantel y su relativa pequeñez en relación a la de sus vecinos, el Atlético de Madrid se ha transformado en el reflejo de un equipo rioplatense, pero uno que se codea con los mejores clubes del fútbol europeo. Miguel Ángel Gil, dueño del equipo colchonero, explica esa conexión transoceánica..

Luis Cabrera

La mejor versión de lo nuestro

Por su estilo de juego, los líderes que encabezan su plantel y su relativa pequeñez en relación a la de sus vecinos, el Atlético de Madrid se ha transformado en el reflejo de un equipo rioplatense, pero uno que se codea con los mejores clubes del fútbol europeo. Miguel Ángel Gil, dueño del equipo colchonero, explica esa conexión transoceánica..

Para Miguel Ángel Gil Marín, propietario y consejero delegado del Atlético de Madrid, no hay dudas de que el club colchonero atraviesa «el mejor momento de su historia».

Pese a todo lo logrado durante sus primeros 100 años de vida, los resultados respaldan la afirmación del director. En los últimos 15 años, el club ha ganado el título de La Liga (2014), la Copa del Rey (2013), la Supercopa de España (2014), tres Europa League (2010, 2012 y 2018) y tres Supercopas Europeas (2010, 2012 y 2018), además de haber estado en la definición de varias otras competencias, destacándose la UEFA Champions League, en 2014 y 2016.

Gil Marín, dueño del 51% del club colchonero e hijo del famoso y polémico Jesús Gil y Gil, tomó el control del Atlético tras el fallecimiento de su padre en 2004 y lideró la transformación local e internacional de la institución, revalorizándola hasta alcanzar los 800 millones de euros, según la estimación de la consultora KPMG.

Bajo su dirección, el Atlético comenzó a avanzar hacia una visión mucho más ambiciosa de lo que la institución podía ser dentro del universo del deporte mundial.

«Todas las empresas se han ido convirtiéndose de locales a globales y uno de los desafíos era no permitir que el Atlético quedará en un club local, sino que peleará por ser un club global», señaló Gil Marín, entrevistado en febrero por The Select Experience, durante su vista a Ciudad de México en el marco de Sports Anti-Piracy Summit 2019.

El éxito reciente -y una fuerte estrategia de marca- ha catapultado la imagen del club colchonero alrededor del mundo, pero, por estas latitudes, la conexión va más allá de los títulos y hasta de las figuras del plantel; es una identificación con la filosofía de juego de un equipo que pareciera por momentos ser el espejo perfecto del fútbol rioplatense al más alto nivel del fútbol mundial.

«Cada día es más difícil competir desde lo global porque hay auténticos monstruos en presupuesto, en gestión, en rendimiento y, lo que estamos intentando es, con nuestros recursos, que están muy por debajo del 50% de la media de los 10-12 gigantes del fútbol mundial, competir a su nivel», afirmó el ejecutivo. «Lo hacemos exclusivamente bajo el prisma de un trabajo y unos valores detrás muy importantes, vinculados a la solidaridad, al esfuerzo, que son los que nos permite competir al nivel de
otros».

Para los argentinos esta filosofía de trabajo, esa forma de entender el juego como una lucha contra gigantes, cobra vida en Diego Simeone, exjugador del club y entrenador que lidera al colchonero desde 2011, pero por estas tierras la identificación pasa por Diego Godín, capitán y símbolo del equipo, por José María Giménez, una de sus jóvenes figuras, por lo que dejó Diego Forlán, «Pichichi» de La Liga con esos colores, y, en otro nivel, un poco también por Antonie Griezman y su uruguayofilia.

El aficionado uruguayo tiene una relación de larga data con el club, aún antes de que el capitán celeste y su compañero de zaga formaran parte de la espina dorsal del once de Simeone.

Sin desmerecer a otros compatriotas que han pasado o integran hoy el club colchonero -como es el caso de los juveniles Juan Manuel Sanabria y Nicolás Schiappacase- y optando por tener memoria selectiva con fichajes nada apreciados por la afición madrileña -como el de Marcelo Sosa-, el primer gran eslabón con este presente del club se formó en 2004, con la contratación de Diego Forlán.

Forlán desembarcó en el club rojiblanco en 2007, con el que se consagró Bota de Oro en 2009 y ganó dos títulos en 2010. Para cuando Forlán dejó la institución, en 2011, Diego Godín ya había seguido sus pasos desde Villarreal.


Godín se ha convertido en un símbolo del glorioso presente del club, eclipsando el récord de partidos jugados por un extranjero en el colchonero y levantando 8 trofeos. Ahora Giménez, que acaba de firmar hasta 2023, deberá tomar la posta, dado que Godín emigrará a Italia al final de esta temporada.

«Hoy en día el aficionado local se aficiona a tu escudo, mientras que el internacional sigue a los grandes jugadores más que a los equipos. En ese sentido, cada día es más difícil identificar a un jugador en la vida de un club por muchos años», comentó el dirigente. «Diego Godín lleva con nosotros 9 años consecutivos, pero el futbolista ha interpretado su profesión como una muy exigente, muy competitiva y con una vida muy corta; no puede pensar ‘este club en el que nazco es en el que voy a acabar como futbolista’».

«Los futbolistasBuscan la mejor opción para ellos, para su familia, teniendo en cuenta el corto periodo laboral que tienen», comentó Gil Marín.

La irrupción tecnológica Gil Marín recuerda las épocas pasadas, cuando seguía, primero como aficionado y luego como dirigente, los pasos de su padre, quien estuvo 16 años al frente del Atlético de Madrid. «En aquel momento todo era más difícil, porque el sector no estaba regulado, no había estructura», recuerda. «No es por quitarme mérito, pero hoy está muy regulado y es más fácil hacer una buena gestión».

La figura de su padre es muy polémica dentro de España -fue alcalde de Marbella, dueño del canal Telecinco y tuvo sonados problemas legales-, pero para Gil Marín, uno de cuatro hermanos, el legado d su pare es claro: «Lo bueno que tengo lo he aprendido de él. Me encantaría que él pudiera estar disfrutando esto, por desgracia no es posible. No he conocido ni creo que conozca alguien que le ponga tanto empeño y pasión en el crecimiento de un club como él».

Hacer una buena gestión, sin embargo, conlleva adaptarse a los cambios que, de manera muy veloz, la tecnología ha traído, por ejemplo, en la venta de derechos televisivos: «Hace tiempo, los derechos de TV se gestionaban mediante intermediarios; luego, directo con operadores de TV; ahora ha dado el paso a las telecom del mundo y, el siguiente, son las plataformas digitales».

«La tecnología va adaptando la distribución de los contenidos y, en muy poco tiempo, estará accesible para todo el mundo mediante las plataformas digitales», asegura el dueño del «Atleti». «A veces se habla de cómo se pagará las suscripciones.

El tema no pasa ni pasará por el precio, sino crear el hábito y que la gente entienda que para ver algo debe suscribirse. Hay que proteger al que te paga el contenido y, por otro lado, crear buenos contenidos y darle acceso a él a todas las clases sociales».

Hasta la relación con los sponsors se ha complejizado: «Las marcas antes buscaban soportes publicitarios, dónde exhibirse. Hoy ninguna quiere eso, lo que quieren es interactuar con nuestros clientes y hacerlos suyos también. La tecnología permite poner a nuestra comunidad virtual en contacto con nuestros patrocinadores».

El crecimiento de los eSports, en los que Gil Marín y el Atlético ya han mostrado interés, es otro factor importante, con el dirigente afirmando que próximamente espera ver una decisión clara, a nivel global, de crear filiares de eSports en cada institución, como se hizo con el fútbol femenino. «Creo que llegará un momento en el que todos los que tengamos equipos de fútbol femenino también tendremos de eSports», afirmó.

La necesidad imperante para este presente, entiende Gil Marín, pasa por ordenar y regular el sector deportivo. «España ha mejorado muchísimo porque ha ordenado el sector adaptando lo que han hecho bien los alemanes y los ingleses», comentó. «No se puede dejar de dar ese paso porque 4 o5 personas no quieran».

Una vez regulado el sector, la gestión pasa a ser más sencilla: «Hay que tener valores, ser tenaz, roderse de gente que sepa más que tú y entender que el desafío pasa por saber gestionar tres colectivos: la afición, los medios de comunicación y el vestuario».

«Cada uno es diferente y tienes que saber en qué frecuencia poner tu cabeza para relacionarte con ellos, pero una vez que lo aprendes, todo se mecanzia», aseguró. «Aún sufres con los resultados; yo soy muy apasionado, el fútbol me mata y me da vida, pero es muy bonito».

La huella internacional

La expansión latinoamericana del Atlético de Madrid comenzó en México, donde el club español ha hecho una fuerte inversión mediante su filial, el Atlético de San Luis, vigente campeón del Torneo Apertura de la liga Ascenso MX Segunda División. «México y Estados Unidos son dos mercados muy importantes donde el Atlético de Madrid debe desarrollar su marca, tanto directamente como a través del Atlético de San Luis», afirmó Gil.

Los objetivos del Atlético, sin embargo, son mucho más ambiciosos que ver a su filial lograr el ascenso: «Queremos contribuir con un cambio en la estructura del fútbol mexicano porque está todo muy desordenado», aseguró el directivo a los medios aztecas. «Hemos venido a aportar, no hemos venido a llevarnos nada». México es uno de 30 países en los que el Atlético de Madrid posee una escuela de fútbol, una lista que incluye locaciones tan diversas como Israel, India y China.

En Uruguay, y por segundo año, el club colchonero realizó un campus oficial para niños y jóvenes, de 6 a 16 años, con tres medias jornadas de entrenamiento durante febrero, en tres puntos del país: Colonia del Sacramento, Punta del Este y Montevideo.

El peor tipo de vecino

Aún en su época más gloriosa, el Atlético ha tenido que lidiar con la realidad de compartir Madrid con el equipo más galardonado en la historia del fútbol europeo, el Real Madrid. Como vecino, el conjunto merengue no puede ser más cruel.

Con Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo como figuras, el Real se interpuso en el camino del Atlético de Madrid en dos recientes finales de la Champions League, venciendo por penales en 2016 y, peor aún, arrebatándole el título en los descuentos -cuando el «Aleti» vencía 1-0 con gol de Godín en 2014, para luego vapulearlo en el tiempo extra. Este año la historia no se repitió, pero tuvo un mismo actor principal.

«La Juventus es un club que nos dobla en presupuesto y, sin embargo, tenemos opciones de pasar adelante», comentaba esperanzado Miguel Ángel Gil al momento de esta entrevista, solo unas horas después del triunfo 2-0 del Atlético -con goles de Godín y José María Giménez sobre Juventus, por el partido de ida de octavos de final de la actual Champions.

La realidad fue diferente: Cristiano, ahora con otra camiseta, volvió a ser verdugo con tres tantos, a la vuelta, en Turín. «El resultado de la ida nos confundió a todos», aceptó Gil Marín tras la derrota.

«El resultado de la vuelta fue un mal día; la diferencia entre un equipo que recibe 200 millones de euros en ganancia y nosotros fue un penal en el minuto 82. Un mal día no puede hacernos perder de vista todo lo que hemos venido haciendo».