EL FUEGO ESTÁ DENTRO NUESTRO

Santiago Alfaro

Trabajar de cerca con algunos de los atletas más importantes de nuestro país de la última década ha dotado a Santiago Alfaro de una oportunidad única para transmitir el secreto del éxito al resto de los mortales. Lo que el preparador físico descubrió es que la respuesta la tiene que dar cada uno de nosotros.

Luis Cabrera

EL FUEGO ESTÁ DENTRO NUESTRO

Trabajar de cerca con algunos de los atletas más importantes de nuestro país de la última década ha dotado a Santiago Alfaro de una oportunidad única para transmitir el secreto del éxito al resto de los mortales. Lo que el preparador físico descubrió es que la respuesta la tiene que dar cada uno de nosotros.

Prometeo se codeadaba con los dioses, pero su corazón era para los mortales. El titán de la mitología griega es recordado por haber robado el fuego del Olimpo para dárselo a los hombres, un acto que salvó a la humanidad.

Esperar algo similar de Santiago Alfaro, el preparador físico de figuras como Diego Forlán, Luis Suárez y Leandro García Morales, es errado. No por dudar de su valentía, sino porque lo que Alfaro ha descubierto es que el fuego que separa a los dioses modernos del resto de los mortales está dentro de cada uno.

«El secreto es que no hay secreto», señala Alfaro en diálogo con The Select Experience. «La diferencia que tenemos los terrenales con los deportistas son las barreras mentales que nos ponemos para poder hacer las cosas».

Alfaro ha sido testigo -mucho más que ello, colaborador cercano- de algunos de los mejores momentos de las carreras de los atletas de élite uruguayos, como lo fue, a modo de ejemplo, el Mundial de Sudáfrica 2010 para Diego Forlán. En el proceso de enseñar nuevas formas de trabajo para lograr ese pequeño pero tan difícil paso adelante -«cuando estás a un 95% de tu potencial, es muy difícil llegar a 98%», explica- también ha aprendido qué hace a estos atletas diferentes al resto. 

«Me siento un agradecido de poder aprender de los deportistas de alto rendimiento», comenta Alfaro. «Ellos son las personas atípicas, con una cabeza muy particular, y quienes realmente tienen el ejemplo a flor de piel para que nosotros aprendamos y podamos continuar esas enseñanzas que nos dejan».

El deseo del público por saber cuáles son esas enseñanzas hizo que se colmara la sala Tempus de la Torre 4 del World Trade Center de Montevideo el pasado mes de junio. Su charla, parte del ciclo de conferencias Sessions, se llamó justamente «El secreto es que no hay secreto».

«El poder compartir es parte de una responsabilidad», comenta Alfaro. «La gente tiene la avidez de saber qué es lo que hacen los otros, de qué se trata el alto rendimiento y cuál es la actitud o cabeza que hay que tener para poder lograr estas cuestiones».


La educación que brinda el deporte

El deporte es el elemento que une a los exitosos profesionales con los que Alfaro ha trabajado y, para el preparador físico, todos los valores que han sentado la base de la exitosa carrera de estos profesionales pueden ser trazados hacia las experiencias formativas recogidas en ese inicio en común.

«El deporte es el medio educativo más potente que existe», afirma. «El deporte da una muestra de actitudes que son muy importantes y tienen una enorme trazabilidad para lo que es la vida en general».

Como director deportivo del Club Biguá de Villa Biarritz y padre de tres pequeños (Martina de 5 años, Felipe de 3 y Manuel de 8 meses), Alfaro puede ver el impacto que el deporte tiene en la formación de los niños desde ambas perspectivas.

«Hay cuatro factores muy importantes en esa etapa formativa: la familia y los amigos; la escuela; el club; y la calle». explica. «La calle ha desaparecido, ese juego espontáneo ya casi no existe. Eso hace que los clubes se transformen en el único espacio donde podés conectarte con otros personas en grupos muy heterogéneos. Los clubes te abren la oportunidad de romper barreras y generar aprendizajes significativos».

Esas valiosas interacciones sociales sirven para incorporar herramientas muy importantes para la vida, así como también para velozmente aprender a lidiar con obstáculos que se repetirán, de una forma u otra, más adelante. «El deporte te pone en situaciones antes de lo que te va a poner la vida», asegura Alfaro. «La presión de ganar, la necesidad de disciplinarse, el valor del esfuerzo, la frustración, todo eso aparece muy temprano. Son elementos que quedan marcados en la fase sensible de aprendizaje de los niños».

Saber lidiar con el fracaso es, para Alfaro, uno de los grandes debes de la sociedad moderna, algo que se ve representado en los niños, pero también impacta en sus padres. «Hay que saber capitalizar el fracaso», señala. «No puede el fracaso tirarme para abajo y hacerme abandonar. El fracaso genera preparación e inteligencia emocional que son herramientas para el futuro, con las cuales me voy a acercar a la meta que me propongo».

Como padre, Alfaro admite que es muy difícil el rol de los padres cuando sus hijos se enfrentan a la frustración: «Como entrenador, pienso que el rol de los padres es de acompañamiento, pero hay que permitirle a los niños transcurrir el proceso de frustración. Como padre, es difícil no querer tomar la decisión por ellos cuando los ves mal».

«A los niños les cuesta lidiar con la frustración, porque hoy todo lo consiguen antes», agrega. «La pata difícil es el compromiso. Si no son las cosas como ellos quieren, no están dispuestos a manejar la frustración, y sueltan el compromiso rápidamente. Y los padres los acompañan».

Disciplina, humildad y empatía son los tres valores fundamentales que brinda el deporte, explica el reconocido preparador físico. «Son el mayor anclaje que el deporte nos brinda», afirma.

El precio de nuestras metas

Trazarse metas y redefinir lo que consideramos un éxito es de los primeros planteos que una persona debe hacerse en pos de alcanzar sus objetivos.

«Si la medalla es el único logro, nuestra vida va a estar llena de fracasos, porque se pierde mucho más de lo que se gana», explica. «Por cada éxito hay mil fracasos. Esto le pasa hasta a los mejores atletas del mundo, sin embargo, nadie duda de que son exitosos. Lo clave es saber si uno está dispuesto a soportar esos fracasos».

Para avanzar en la búsqueda de esas metas personales, el tiempo, y cómo ese tiempo se aprovecha, resultan fundamentales. Tanto como el sacrificio que ese esfuerzo conlleva.

«El tiempo disponible es algo a valorar y, cuando uno es grande, debe evaluar si está dispuesto a pagar el tiempo que lleva perseguir sus objetivos de vida», señala. «El precio cobra muchas formas, a veces te transforma en un bicho solitario, porque ése es el precio a pagar. ¿Cuán fuerte es tu sentido de propósito? Lo que logremos al final va a depender del precio que hayamos pagado».

Es entonces donde los valores construidos mediante el deporte cobran aún mayor relevancia. 

«El deporte es una cuna de ejemplos frente a un montón de situaciones que lo que hacen es empujarnos un poco más hacia adelante», asegura Alfaro. «La pregunta es hasta dónde está el límite de lo que uno cree que puede desarrollar. El límite está en primero lograr la autoexigencia, que se logra con un proceso de búsqueda personal que hace que nos acerquemos a aquello que estamos persiguiendo».

LA HUMILDAD PARA SEGUIR APRENDIENDO

Santiago Alfaro admite que no era un gran alumno. «Iba a la escuela Grecia y era un alumno de promedio para abajo», recuerda. «No me encontraba a mi mismo, hasta que el deporte me recibió». Aquello que no ocurría en la educación formal, ocurrió en la informal. «Mi potencial era a través del movimiento, de relacionarme con las personas». Alfaro es humilde al compararse con sus pares, pero su trayectoria evidencia su capacidad, una que él atribuye mucho a su capacidad para escuchar y conectarse con las personas. «Nunca podés perder las ganas de aprender y la humildad de escuchar. Yo siempre quise ayudar a la gente y fue luego que entendí que no era suficiente conocer sólo sobre preparación física, había que tener un enfoque 360 grados», comenta. «Lo importante es llegar a la gente y convencerla. Para eso, uno tiene que estar convencido también, porque si no sos coherente, estás construyendo un castillo de naipes».