García: el Ave Fénix de Carrasco

ADELANTO SELECT #9

¿Cómo sobrevive y con gran éxito una parrilla-restaurante en un mercado como el montevideano después de 50 años? Saber escuchar, enfrentar los desafíos y trabajar sin descanso son algunas de las razones que con orgullo dio a The Select Experience Magazine Eduardo Parodi, genio y figura desde hace 36 años de este clásico de la avenida Arocena.

Omar Ichuste

García: el Ave Fénix de Carrasco

¿Cómo sobrevive y con gran éxito una parrilla-restaurante en un mercado como el montevideano después de 50 años? Saber escuchar, enfrentar los desafíos y trabajar sin descanso son algunas de las razones que con orgullo dio a The Select Experience Magazine Eduardo Parodi, genio y figura desde hace 36 años de este clásico de la avenida Arocena.

La casa, como suele referirse Parodi a su negocio, abrió las puertas en diciembre de 1967 y nunca más las cerró. Fueron los hermanos García, Juan, Benito, José y Jaime, sus fundadores. En el inicio fue bar, pizzería y chivitería, como era usual en aquellos tiempos.

En esos años Eduardo era un niño de la Unión que seguramente no imaginaba que el derrotero de la vida lo llevaría a convertirse, en 1981 y con apenas 23 años, en uno de los nuevos cuatro socios, después de que los García decidieran retirarse del rubro.

Parodi no tenía experiencia en gastronomía, solo un breve pasaje como dependiente comercial y siete años como dueño de un puesto de frutas y verduras en la codiciada esquina de Av. Brasil y Benito Blanco. Tiempo suficiente para que sus clientes del histórico Expreso Pocitos vieran el trabajo y la tenacidad de este hombre, a quien invitarían a ser parte de la mayor aventura de su vida, la compra del García. Así lo recuerda Eduardo: «Tenemos ganas de hacer algo y te vamos a considerar». Palabra cumplida y nunca defraudada por Parodi.


«Te cuento un poco la historia de la casa, que es un poco la mía». La charla con Eduardo es en el salón principal de García. Después del servicio y café mediante, fue recordando el Carrasco de aquel tiempo y su evolución al polo gastronómico que es hoy día. El cambio de siglo oficia como mojón en la historia de este clásico de Carrasco. El producto ofrecido siempre fue de primera calidad, pero los factores que hacen a la experiencia no. El cambio se imponía, y casi como en un acto confesional, Eduardo Parodi hace un mea culpa sobre los conceptos erróneos que manejaba en aquel tiempo.

Llegó el día en que vio la luz y supo que hacer: «A los gallegos de aquel entonces, que eran de la vieja camada, les costó aggiornarse, pero increíblemente tenían alguien nuevo que tenía las costumbres de aquella gente. Pero dije, bueno, si sigo siendo uno más de lo mismo, vamos a morir en el intento. A veces la vida te ilumina, el señor te ilumina. Buscamos darle un perfil diferencial a la casa y ahí pensé: no voy a ser un buffet ni una vegetariana, ni voy a hacerme parecido a La Pasiva, porque si me quiero parecer a ellos, me van a ganar ellos».

Escuchó, consultó y finalmente dijo: «Vamos a buscar un perfil diferente». Su primer y gran desafío era comunicar que en García se comía bien. Pero una «casa» exitosa, de esas en las que hoy «vivimos una experiencia», depende de muchas otras variables. Parodi tenía claro que mientras no generara los cambios que imperaban, no habría transformación. Tomó las decisiones adecuadas y cambió la fachada, los colores, sustituyó el antiguo piso de mármol por madera, mejoró la acústica y la iluminación, voló la tradicional TV de los bares y dio paso a la música que el propio maestro Alberto Magnone seleccionó.

Convenció al arquitecto Arana, intendente en aquellos días, para que autorizara la instalación de una terraza en la calle, aunque ello significara cambiar el recorrido de las líneas 104, 105 y 306. Aseguró ufano Parodi: «Es cuando la casa empieza a tener un perfil diferencial y resurge de las cenizas».

García mantiene el equilibro entre lo clásico y lo nuevo. El servicio es llevado adelante por hombres, vestidos de camisa y corbata a la vieja usanza. Atentos reciben y atienden a los clientes con esmero, respeto y dedicación, conociendo los códigos de un buen mesero. Las mesas visten manteles, cubres y servilletas de tela, hoy poco vistas o reservadas para lugares de lujo. La vajilla es blanca, los cuchillos especiales para la carne y las copas de cristal para los grandes vinos. Un conjunto de elementos que hacen de la ambientación y el servicio un factor importante del éxito de García.

La carne es el plato fuerte. Son uruguayas y de exportación. Parodi es exigente con sus proveedores y logra establecer compromisos firmes que le aseguran para su parrilla el mejor corte vacuno, destacándose el baby beef y el delicioso rack de cordero, hoy clásicos de la casa. Lo mismo con la propuesta de dulces, como en otros tiempos siguen ofreciendo panqueques de dulce de leche o manzana, Martín Fierro, profiteroles, Siberiana o el poco visto Don Pedro. También hay opciones que remiten al García bar y pizzería, «porque esta casa está abierta los 365 días del año», afirma su alma mater.

Un nuevo hito se aproxima para la gran familia del García. Por primera vez en su historia, una nueva casa abrirá sus puertas. Con el mismo nombre, servicio y propuesta. Esta vez, en Punta Carretas. La decisión de Parodi no fue sencilla y le llevó más de un año dar el sí. Ahora espera paciente la respuesta del barrio y su gente. Esta historia seguro continuará.