Alta fidelidad

El revival del vinilo

Mientras la industria de la música y los artistas se adaptan al universo digital mediante plataformas de streaming como Spotify, iTunes o Deezer, el disco de vinilo es tendencia gracias a coleccionistas y nuevos adeptos de esta experiencia cultural analógica.

Sebastián Amoroso

Alta fidelidad

Mientras la industria de la música y los artistas se adaptan al universo digital mediante plataformas de streaming como Spotify, iTunes o Deezer, el disco de vinilo es tendencia gracias a coleccionistas y nuevos adeptos de esta experiencia cultural analógica.

En tiempos donde hay más de 112 millones de usuarios de suscripciones de streaming de música y la canción «Despacito» del boricua Luis Fonsi es ya la más escuchada de la historia en streaming con más de 4.600 millones de reproducciones, The Select Experience Magazine se sumerge en el universo del disco de vinilo, un revival que crece año a año en todo el mundo, desde Japón a Uruguay.

El disco de vinilo como objeto de culto

La industria musical se sustentó durante casi todo el siglo XX en base a la fabricación y edición de álbumes en diferentes formatos de discos de vinilo: desde el Long Play (LP), pasando por el Maxi Play (MP) hasta el single. La industria musical mundial y sus artistas se sustentaron bajo ese modelo. Luego llegaría el casete y posteriormente el CD, que dejaron la fabricación y comercialización del vinilo casi en el CTI.

En la actualidad, el casete y el CD son formatos prácticamente olvidados. Sin embargo, desde hace ya unos años el vinilo ha tomado nuevamente protagonismo, es tendencia, y sus ventas crecen año a año.


Hoy, las tiendas de música –las no especializadas en discos de vinilo– tienen al menos una batea exclusiva para el formato de 180 gramos; algo novedoso, al menos en Uruguay.

En el país esa batea crece, al igual que la oferta de artistas y álbumes en este formato. Además de las rediciones, hay lanzamientos de álbumes que son editados en múltiples formatos –incluyendo opciones digitales–, como es el caso de bandas como La Vela Puerca (Piel y hueso, 2011), Hablan por la espalda (Sangre, 2015), No Te Va Gustar (Suenan las alarmas, 2017), El Cuarteto de Nos (Apocalipsis zombi, 2017) o Las Cobras (Temporal, 2017).

Quizá el resurgimiento del vinilo tenga que ver con los tiempos actuales: en un mundo de contenidos virtuales, algunas personas necesitan conectar con el plano físico.

El neologismo vintage también podría utilizarse para este resurgimiento del vinilo, ya que también se incluye en esa tendencia de las nuevas generaciones por recuperar algunos objetos culturales del pasado. Lo cierto es que el vinilo está nuevamente en el tapete. Y la industria musical lo sabe.

En San Pablo, por ejemplo, en 2016 abrió Vinyl Brazil, una fábrica que puede producir 180 mil discos de vinilo por mes; sumándose a la que era hasta hace poco la única fábrica funcional de vinilos en América Latina, la también brasileña Polysom, ubicada en Rio de Janeiro.

«No se trata solo de aprovechar una tendencia seguramente interesante, sino que esta iniciativa representa la oportunidad para contribuir a la música y a la cultura en general», dijo Michel Nath, productor, DJ y socio fundador de Vinyl Brazil.

Asimismo, Sony Music Entertainment anunció este año que retoma, 30 años después, la producción de vinilos en Japón. La discográfica aspira a readaptarse al renacimiento actual que vive el formato gracias a las ventas de álbumes de segunda mano y al número creciente de nuevos lanzamientos en el soporte analógico.

Las cifras son elocuentes. Las ventas de vinilos en Japón rozaron las 800 mil unidades en 2016, ocho veces más que en 2010, según datos de la industria musical nipona. Esta tendencia también se observa en otros países como Reino Unido, donde el año pasado las ventas de vinilos llegaron a superar a las de música en formato digital; o en Estados Unidos, donde se vendieron 17,2 millones de discos en 2016.

En Estados Unidos, epicentro de la movida del vinilo, el año pasado, según datos de la Asociación de la Industria Discográfica, se vendieron 13 millones de LP, un récord en 25 años.

El revival también se da en Uruguay

¿Cuál es la suerte del disco de vinilo en Uruguay? The Select Experience Magazine lo consultó con Mauricio Ubal, presidente de la Cámara Uruguaya del Disco (CUD), músico, compositor y fundador del sello discográfico Ayuí/Tacuabé, creado en 1971 como editora de discos de vinilo.


«Este interés y repunte del vinilo es bienvenido, puede deberse a diversos factores. Cierto rechazo a la "dureza" sonora de lo digital, la diferencia real en calidad de las grabaciones analógicas especialmente para determinadas frecuencias de sonido en el ámbito de los graves, que determinó que muchos artistas, especialmente en el mundo anglosajón, rápidamente optaran por grabar baterías y bajos analógicamente. Luego siguieron las voces, y finalmente las mezclas y masterizaciones hoy día se vuelcan a consolas analógicas o a cintas analógicas».

«Por algún misterio que no comprendo bien, la compresión de las cintas analógicas mejora sustancialmente el audio grabado en digital. Y no me lo contaron. Pude constatarlo en la grabación de mi último disco. A todo esto, el disco de vinilo, reproducido en buenos equipos, claro, acompaña esto que digo. De todos modos y por ahora, no es una tendencia masiva», añade Ubal.

«La venta se ha incrementado sustancialmente porque se partió de cero. De todas formas las cifras en unidades son muy pequeñas respecto a las ventas de CDs, aun cuando estos vienen con ventas en caída desde hace varios años. Lo que es bien importante de destacar es que en Uruguay los CDs siguen teniendo muy buenas ventas. Excepcionales, si las comparamos con otros países de la región. No hay que apurarse a declarar la muerte del CD. Desde el 2000 vengo sintiendo la cantinela de que se terminan los CDs y sin embargo ahí siguen. Para mí, el CD es el mejor formato en cuanto a calidad, el más noble y más rico. En Uruguay, el declive en las ventas es gradual. Todavía tenemos por delante años para comercializarlo».

Según cifras publicadas por la CUD, la venta local del CD tuvo el siguiente comportamiento: su cenit fue en 1998 con 939.227 unidades vendidas; su caída en 2014, con 328.855; 279.334 en 2015 y 209.239 en 2016. En tanto, el LP de vinilo en 1990 vendió 38.157 unidades, entre 1995 y 2008 no hubo registros, en 2014 alcanzó 285 ventas, 2.227 en 2015 y 3.205 en 2016.

«Siempre hay algo de recrear el fetiche de los viejos vinilos, con sus portadas grandes y atractivas. Pienso que, como siempre, hay una apetencia snob, una suerte de ponerse de moda con espíritu retro», advierte Ubal. «Hay mucha gente que vuelve a comprar los viejos vinilos que una vez supo tener para guardarlos, sin escucharlos. Es lógico y necesario que, junto con los discos, se comience a refabricar aparatos e insumos técnicos, así se completa el círculo», sostiene Ubal, que además adelanta que desde Ayuí/Tacuabé se evalúa la viabilidad de comenzar a producir vinilos. «No descartamos hacerlo en relativamente poco tiempo».

Este revival también se verifica en diferentes propuestas a nivel local. Una de ellas es la interesante experiencia de Little Butterfly Records, un sello independiente fundado por Mauro Correa y Santiago Cabo, que ya ha realizado reediciones de algunos álbumes uruguayos como Cuerpo y alma (1984) de Eduardo Mateo, Ideación (1973) y Psiglo II (1974) de Psiglo, Deliciosas criaturas perfumadas (1995) de Buitres Después de la Una, Chau (1973) de Jorge «Flaco» Barral, editado 44 años después de grabado; y Días de Blues (1973) y Opus Alfa (1972), de las bandas homónimas.

«Little Butterfly Records surge con la idea de reeditar obras fundamentales de la música uruguaya en vinilo como una manera de recuperar gran parte de la cultura musical local. Si bien el nombre ya existía antes, en 2015 toma este rumbo enfocado a realizar reediciones en vinilo de alta calidad», explica Cabo.

«Hay un tema relacionado al coleccionismo en la cuestión de las reediciones. A veces es muy difícil adquirir un disco original de la época, ya que en algunos casos han pasado muchos años y las reediciones brindan la oportunidad al coleccionista de tener uno de estos discos en formato vinilo. Algunos se reeditan, otros salen por primera vez, como Chau de Jorge Barral», añade.

Desde agosto, Little Butterfly Records se encuentra instalado en Sinergia Design. «Haber recibido el premio Grafitti es un reconocimiento muy importante al trabajo realizado por todo el equipo. Recién nos estamos instalando en Sinergia Design, nos parece muy buena la iniciativa. Estamos trabajando en algunos proyectos, entre ellos están Descarga, el segundo disco de Totem; y Maraviya de Buitres Después de la Una», adelanta Cabo.

Por su parte, Adrián Marvid de Sony Music Entertainment Uruguay explica que el resurgimiento del vinilo es un hecho. «Se nota en la batea de disquerías y en su consumo por los amantes de la música».

Para Marvid, es alentador lo que sucede con el vinilo en la actualidad. «Ya casi todos los lanzamientos importantes se hacen en CD y vinilo en forma simultánea. El vinilo contiene el arte de la música dentro, pero sus carátulas, tamaño y diseño son un arte adicional y atrae mucho …. Si bien Uruguay es un mercado pequeño, hay un consumo de vinilos constante y en ascenso. Basta con ir a los locales de las principales disquerías de Montevideo para ver las bateas a su entrada y llenas de variedad de títulos», explica. Según Marvid, Sony Music apuesta fuerte al formato desde 2016. «Hay idea de reeditar en vinilo a grandes autores locales», adelanta.

João y Marco son los propietarios de Disquería Chaná, una pequeña tienda de compraventa de discos de vinilo de Montevideo muy activa en las redes sociales. «Creemos que los que se interesan por este formato quieren estar en contacto con su artista de forma visual y táctil. A un coleccionista le interesa leer todas las informaciones que tienen las portadas y folletos de un disco. Un vinilo es ante todo un registro histórico y artístico de un momento personal de nuestros ídolos», sostienen.

Disquería Chaná trabaja con un catálogo seleccionado en el que prevalecen géneros como el rock alternativo y clásico, jazz y música brasileña. «Trabajamos con vendedores de Estados Unidos y el Reino Unido; y tenemos colaboradores en algunas ciudades de otros países», explican.

En cuanto al perfil del cliente, aseguran que hay distintos públicos. «Desde personas que coleccionan discos desde la década del 70 hasta jóvenes que no tienen tocadiscos y vienen a la disquería para escucharlos».

El precio de un disco varía según el artista y las características de la edición. «No nos gusta vender discos por más de dos mil pesos, pero algunos que están descatalogados pueden llegar a ese precio. No sabemos cuál fue el más caro que vendimos, pero no pasa de ese valor», concluyen.

Pablo Guisande, vocalista de la banda Los Rodnos, excolumnista del clásico radial Meridiano Juvenil, fundador del Surf's Up The Beach Boys Club Uruguay y coleccionista de «varios miles» de vinilos, explica su pasión: «Comencé a coleccionar discos entre los 9 y 13 años. Me gusta ante todo lo tangible de la música, más allá de lo que la música significa para mí. El ver el arte de tapa en 30x30 es distinto que en 10x10. Me gusta ver las etiquetas, los surcos, y el disco rodando, la sensación fonomecánica. Me gusta más ver si el disco de vinilo tiene insert o no, o qué dicen los créditos del disco y si ponen letras o fotos. Me gusta que la banda o artista me hable desde otros lados que no sean estrictamente las canciones, más allá de si él se hará cargo o no de su propia imagen. El vinilo tiene en cierta manera arte, letra y música. En otros formatos lo pierdo».

En cuanto al revival, Guisande sostiene que en Uruguay aún no se vive la redición como en Chile o Brasil. «Espero que una mayor cantidad de artistas puedan acceder a ese formato, cosa difícil si no hay una fábrica de discos nacional, lo que al día de hoy parece una utopía. Sin dudas a nivel mundial está funcionando cada vez mejor. No sé si esto llegará a una masificación total, a mí me encantaría».

Al momento de recomendar tiendas de vinilos en el exterior, Guisande dice que Holanda es un país muy particular. «Me encantó una tienda que se llama Concerto en Ámsterdam, son como cuatro casas unidas por dentro y todo es una sola disquería. En Barcelona, cerca de las ramblas, podés encontrar joyas hermosas. En América del Sur, en la feria del Bío-Bío en Santiago. No fui, pero en Estados Unidos dicen que Amoeba está muy buena», concluye.