De allá y de acá

Entrevista al actor español Rodolfo Sancho

Es uno de los actores del momento en España. Su carrera viene en racha, con series como Isabel, El Ministerio del Tiempo y Mar de Plástico. Su padre fue el actor más popular de la historia de aquel país. Y es uruguayo. Bueno, casi.

Gonzalo Larrea

De allá y de acá

Es uno de los actores del momento en España. Su carrera viene en racha, con series como Isabel, El Ministerio del Tiempo y Mar de Plástico. Su padre fue el actor más popular de la historia de aquel país. Y es uruguayo. Bueno, casi.

Al actor español Rodolfo Sancho (Madrid, 1975) se le ilumina el rostro cuando le hablan de Uruguay. Esa cara seria, de tipo recio, que tienen algunos de sus personajes inmediatamente se transforma cuando recuerda sus veranos en La Pedrera, las recorridas a caballo por el campo o los picaditos que jugaba con sus primos en las calles de Pocitos.

«Tengo mucha conexión con Uruguay y mucho cariño por esa tierra. Habré ido, no sé, 18 veces, e incluso he estado viviendo por períodos allí. La verdad es que lo conozco mucho, seguramente mejor que muchos uruguayos, porque lo he recorrido casi todo», comenzó en diálogo con The Select Experience Magazine Rodolfo Sancho.

Y para entender esa conexión es necesario remontarse a los años 40, cuando su abuela Victoria, la madre de su padre, decidió dejar atrás España para instalarse en Uruguay con su hijo Félix, de 11 años, quien crecería para convertirse nada más y nada menos que en Sancho Gracia, el actor más popular de la historia de España y rostro del mítico Curro Jiménez, papel que marcó su carrera y lo volvió inmortal en la cultura popular española.


Y para entender esa conexión es necesario remontarse a los años 40, cuando su abuela Victoria, la madre de su padre, decidió dejar atrás España para instalarse en Uruguay con su hijo Félix, de 11 años, quien crecería para convertirse nada más y nada menos que en Sancho Gracia, el actor más popular de la historia de España y rostro del mítico Curro Jiménez, papel que marcó su carrera y lo volvió inmortal en la cultura popular española.

«Mi padre vivió toda esa época que te marca como persona, entre los 11 y los 22 años, en Uruguay. Cuando volvió a España, de hecho, tenía un acento absolutamente uruguayo», rememora Sancho. «Él estudió actuación en Uruguay con Margarita Xirgú, pero en aquella época en España ya había un mercado fuerte de teatro y TV, por lo que se vino a probar suerte, ya que tenía la nacionalidad española», relata.

Ya en España, y luego de sacarse el acento a martillazos, la carrera de Sancho Gracia comenzó rápidamente a despegar y el diario El País de Uruguay envío a Madrid a su periodista Noelia Aguirre Gomensoro a entrevistar al uruguayo que estaba haciendo carrera en la Madre Patria. «Y hasta hoy», bromea Sancho, uno de los tres hijos de la pareja.

Fue así que la infancia de Rodolfo Sancho transcurrió entre España y Uruguay, país que visitaban casi todas las navidades, aprovechando para escapar del frío madrileño. «De chico íbamos muy a menudo, casi siempre a pasar las fiestas aprovechando el verano allá. Era una experiencia estupenda, con el calor en la piscina mientras aquí todo el mundo estaba muriéndose de frío», recuerda.

«Leonel Aguirre, hermano de mi madre, tenía campo y gracias a eso he vivido también lo que es andar a caballo, hablar con los gauchos y no entender nada de lo que dicen», se ríe. Esa habilidad, de hecho, la utilizó años más tarde en varias de sus películas y series. «Muchos de mis personajes tenían que montar a caballo y gracias a aquellas estadías en Uruguay se me hizo más fácil», asegura.

La costa uruguaya también forma parte de la vida de Sancho, que se confiesa más de Rocha que de Punta del Este. «En una época hice Rocha hasta el Chuy, recorriendo y parando en todos los pueblos, como Punta del Diablo, el Cabo Polonio, La Paloma, La Pedrera. Por Punta del Este siempre paso y a lo mejor me quedo un par de días, como algo en La posta del Cangrejo, pero casi siempre voy más a Rocha que es más mi ambiente, como el de mi primo que hace mucho surf», confiesa.

Y los viajes de Sancho por Uruguay no se limitaron a simple turismo, también tuvo varias estadías largas en el país. La primera a principios de los 90, cuando participó del rodaje de Curro Jiménez, el regreso de una leyenda, filmada justamente en suelo uruguayo, aprovechando las raíces de Sancho Gracia y de Antonio «Taco» Larreta, creador y guionista de la serie original.

El rodaje le demandó a Sancho estar en el país durante un año. «Y como justo me agarraba el verano me quedé por Playa Verde, me alquilé una casita por ahí y me quedé unos meses más», recuerda.

La siguiente fue unos 10 años más tarde, cuando participó de la serie española Tres son multitud, adaptación de la telenovela argentina Son amores. «Se hizo la versión para España de esa serie, pero por algún motivo económico que desconozco, parte se grababa en Buenos Aires; yo todos los fines de semana me agarraba el Buquebus e iba y venía y me quedaba en casa de mi abuela», recuerda.

La última fue para rodar la película uruguaya Artigas: La Redota, en la que interpreta a un espía español encargado de matar a Artigas.

Uruguay también formó parte del día a día de su hogar en España, con varias costumbres que conserva hasta hoy, como el asado −que su padre hacía «de puta madre»─ o el mate. «Siempre que vuelvo de Uruguay ando con el mate. Sale mi otro yo uruguayo. Luego se me va progresivamente quitando, y bueno, ahora me tomo un mate de vez en cuando», confiesa.

Pero lo que más destaca en ese sentido es el tipo de educación que recibió de sus padres. «Los padres de la gente de mi generación en España crecieron en una dictadura. Los míos no. Se criaron en el país más libre que había en aquel momento sobre la faz de la tierra. Entonces, yo he recibido esa educación. Una educación muy liberal y muy distinta a la de la gente de mi generación. Eso es muy curioso y muy de agradecer», destaca.

El fútbol, por su supuesto, forma también parte de esas costumbres, aunque con su corazón dividido, tanto entre España y Uruguay como entre Nacional y Peñarol. «Mi padre era de Peñarol y mi madre de Nacional, así que no sé decirte. Es complicado, al final voy a hacer como mi primo, que es de Wanderers», dice entre risas. En España lo tiene más claro: Real Madrid.

Y en lo que respecta a selecciones le pasa algo similar. «Tengo también el corazón partido, España por supuesto. Pero ganar la Copa América en Buenos Aires y dejar afuera a Argentina en cuartos, eso no tiene precio»,  habla como el más uruguayo de los uruguayos. «Sigo todo, las Copas América, Mundiales y Eliminatorias. Me pierdo algún partido, pero como siempre son emocionantes, siempre sufriendo, los suelo ver», agrega.

De hecho, uno de sus recuerdos futbolísticos más felices fue la Copa América del 95, cuya final vio en el propio Estadio Centenario. «¡Como gritamos ese gol de Bengoechea! ¡Qué lindo es sacarle Copas América a Brasil y Argentina!», recuerda emocionado.

Una carrera en ascenso

Iniciado en el mundo de la actuación desde muy joven, Rodolfo Sancho es un rostro habitual del cine y la TV española desde hace ya mucho tiempo. Sin embargo, no fue hasta hace unos cinco años que su carrera realmente despegó, convirtiéndose desde su paso por la serie Isabel en uno de los actores más populares de España.

Emitida durante tres temporadas por TVE entre 2012 y 2014, Isabel fue un verdadero éxito de audiencias, sumando además múltiples ventas internacionales. En la serie, Sancho interpretaba al Rey Fernando de Aragón, esposo de Isabel la Católica.

Inmediatamente desembarcó en El Ministerio del Tiempo, en la que actuó en sus primeras dos temporadas. Emitida también por TVE, se convirtió en un fenómeno de culto. En paralelo, además, protagonizó las dos temporadas de Mar de plástico, disponible en Uruguay a través de Netflix.

«Yo diría que esta buena racha arrancó incluso antes, con el papel que hice en la primera temporada de Amar en tiempos revueltos, que también se vio en Uruguay. A partir de ahí empecé a hacer series que han ido muy bien, como MIR (de doctores), La señora y después ya vino Isabel», aclara.

Fue así que en la TV el actor encontró su lugar, aunque su carrera también se ha desarrollado en paralelo en el mundo del cine. De hecho, acaba de finalizar de rodar la película El sueño del Califa, una coproducción entre España, Italia, Marruecos, Francia y el Reino Unido basada en un hecho real, en la que interpreta al protagonista.

«Es la historia de un tipo que se llama Domingo Badía, que era un capitán del ejército español a principios del siglo XIX y amante del mundo árabe. Le encargan la misión de derrocar al Sultán que hay en esos momentos en Marruecos y poner en su lugar a otro. Se transforma así en espía y se hace pasar por un príncipe turco, descendiente de Mahoma. Lo hace tan bien que todo el mundo se lo cree y llega un momento en que le adoran y hasta lo tienen como candidato para ser el próximo Sultán», cuenta sobre la trama.

«Lo bonito del personaje es que en un momento ya no sabe quién es y se ve seducido por el poder. Es una película con muchos medios y una historia muy interesante», agregó.

Filmada en inglés, El sueño del Califa es la segunda producción que protagoniza hablada en el idioma de Shakespeare, y bien podría ser un trampolín hacia Hollywood, salto que asegura no le quita el sueño.

«Eso es algo que depende del personaje. Si me dan ahora mismo un buen papel en una buena serie o en una buena película española y tengo que elegir entre eso o Resident Evil 8 haciendo del tipo que va atrás con una metralleta, me da igual que sea una producción americana, que no lo hago», asegura.

«Que a veces piensas: ojalá esto lo vea Oliver Stone, sí, lo piensas, pero no es algo que me quite el sueño y más ahora con esta apertura de que ya no solo se hacen grandes series en Estados Unidos. Porque Netflix está en todas partes, HBO está en todas partes. Esto que está ocurriendo me gusta, porque ya no es que solo ellos tienen los buenos productos, en todas partes se pueden hacer buenas cosas. Y series españolas como Mar de plástico también se ven en todo el mundo. Entonces, Hollywood no es una obsesión para mí», afirma.